Macron llama a la calma mientras se extienden las protestas en Francia

Temen nueva ola de violencia

Temen nueva ola de violencia

Macrón quiere evitar a toda costa que se repitan las escenas de caos del fin de semana pasado, cuando miles de manifestantes tomaron el Arco del Triunfo, montaron barricadas en el corazón de París y prendieron fuego a vehículos, ante la mirada incrédula de residentes y turistas.

Las subidas del impuesto a los carburantes prevista a partir del 1 de enero son "anuladas para el año 2019" en su totalidad, dijo François de Rugy, ministro de Ecología, a la cadena de televisión BFM TV.

Se suman otros sectores Pese al retroceso del gobierno galo, hoy la protesta se extendió a otros sectores de la sociedad francesa.

Acosado por la ira popular contra sus reformas neoliberales, el presidente de Francia, Emmanuel Macron pidió este miércoles a las fuerzas políticas, sindicales y patronales lanzar un llamado a la calma, para desactivar las protestas antigubernamentales que sacuden al país y que se extienden a otros sectores. Esto se hizo para mitigar los temores del movimiento contestatario a que la medida del alza del combustible se vuelva a adoptar una vez pasen las protestas, explicó.

Las llamadas protestas de los "chalecos amarillo" surgieron espontáneamente el 17 de noviembre en oposición al aumento de los impuestos a los combustibles, pero ahora refleja una exasperación social más amplia.

Aunque la mayoría de los depósitos de combustibles bloqueados por los manifestantes han sido liberados, había escasez de combustibles y cientos de gasolineras afectadas el miércoles. Estudiantes contrarios a la aplicación de un nuevo sistema de acceso a la universidad mantuvieron sus movilizaciones, sindicatos de camioneros convocaron una huelga y la asociación agraria más importante del país amenazó con echarse a la calle la próxima semana.

Es la primera vez que Macron, un exbanquero de inversiones de 40 años, que fue elegido en mayo 2017 con la promesa de "transformar" Francia, da marcha atrás en su ambicioso plan de reformas ante la presión de las calles.

Pero el miércoles el ejecutivo parecía dispuesto a ceder aún más terreno.

Éric Drouet, un portavoz de los "chalecos amarillos", un colectivo que nació en las redes sociales y que debe su nombre a las prendas fluorescentes obligatorias en los vehículos, llamó a los franceses a congregarse el sábado "cerca de los lugares de poder: los Campos Elíseos, el Arco del Triunfo o la plaza de la Concordia", frente a la Asamblea Nacional. Benjamin Griveaux entreabrió la puerta a un posible restablecimiento del Impuesto a la Fortuna (ISF), una de las reivindicaciones más frecuentes entre los manifestantes.

Sin embargo, horas después, Macron aseguró ante su consejo de ministros que no quiere "deshacer nada de lo que se ha hecho desde hace dieciocho meses", indicó el Elíseo a la Agence France-Presse.

En una muestra de la tensión latente, Macron fue abucheado e insultado el martes por la noche durante una visita sorpresa a una prefectura de policía en Puy-en-Velay, en el centro del país, que fue parcialmente incendiada el fin de semana pasado.

La popularidad del joven centrista proeuropeo siguió cayendo y llegó a su nivel más bajo, con apenas 23% de aprobación entre los franceses.

Asimismo, los sindicatos y agricultores anunciaron su apoyo a los "chalecos amarillos" y su adhesión a las protestas nacionales contra el presidentes francés. ¿Continuará la violencia?